viernes, 3 de julio de 2015

Suela-bombón - Cap.2


- Así que siente que conoce a ese hombre, pero no sabe quién es.

- Sí. Es como en los sueños, que a veces no se puede ver bien el rostro de alguien o se olvida al despertar. O se tiene la impresión de que era alguien aunque el cuerpo fuera de otro. Además, en el ático no soy yo, es decir, soy yo pero diferente. Tengo el pelo más largo, soy un poco más delgada y creo que tengo los pechos más grandes. Y, lo más importante, no tengo el control de mí misma.

- No tiene el control, sin embargo dice que allí es feliz.

- Así es.

- ¿Recuerda si hay algún objeto que pueda identificar como suyo?

- Déjeme pensar... Sobre la mesita de noche hay un cuaderno. Es mío. A veces escribo cuando él no está.

 - ¿Nada más?

- Hay unos altavoces que suelo conectar al móvil para poner música.

- Entonces, un cuaderno, el móvil, los altavoces... Y de él,  ¿qué cosas hay?

- Hay un peine. Un peine azul. No se va nunca sin haberse peinado. Y hay una caja de bombones, que me trajo una de las primeras veces. Pero yo le dije “soy intolerante a la lactosa”. Y me dijo “cierto, lo sabía, pero me he olvidado. Lo siento”. Parecía tan triste, sentía que me había decepcionado. Pero yo le dije “son perfectos para jugar a suela-bombón”. Y me miró sonriendo y entendiendo que en efecto estaba tan loca como se temía. Y yo empecé a lanzarle bombones con la suela del zapato como si fuera una raqueta. Y él los esquivaba mientras se acercaba a mí hasta que se rozaron nuestras pieles y nuestros cabellos y nuestros labios y nos olvidamos de los bombones y de todo lo demás.

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